Nicomedes sobre un hijo suyo

Persona con prótesis en la pierna izquierda
Nicomedes, mi compadre de boda, recuerda,
con el alma migajas hecha,
que aquel día 30 de enero de 2022
esa que empezó como mañana de resplandor
en una inesperada hora
pasó a ser de sangre y de congojas
cuando andando cumpliendo su misión
en un percance vial perecieron
un par de policiales, y que gracias a mi Dios
hubo dos más que sobrevivieron;
incluyendo a su hijo mayor
que con el grado de intendente
una caravana en motocicletas la comandaba.
Con ocasión de su cogollo que perdiese
porción de una pierna, y que acabara
resignado a esa por el querer del Todopoderoso
malhadada desgracia (pero muy pronto
presentando pruebas de resiliencia
considerando que a él lo que le quedaba era
caminar que ¡siempre pa´lante y siempre pa’rriba!,
y que con creces lo ha conseguido
aunque compungido todavía
mucho por sus compañeros sucumbidos;
sin que no, ¡obvio!, por lo que pasó con su pierna),
Nicomedes a todo el mundo le recomienda
calcar ese proceder del hijo suyo en referencia;
pero en especial él aprovecha
aquello para convocar
a la generalidad de su Hermandad Negra
para que comprenda la necesidad
de a la resiliencia jalarle,
como modo de sus calamidades –que cruciales
y a granel- más que sobrellevarlas sea solucionarlas.
¡Ijí, encararlas (como su rama
lo ha hecho con el mencionado problema)
con estoicismo; el cual equivale es
a serenidad y a fortaleza ante las crisis o penas,
y jamás a la resignación que
corresponda a las petacas echarse
y por esa razón dizque ni un dedo mover
en procura, ¡ajá!, de apaciguar las dificultades.
Sobremanera valiosa percibo
esa concepción de mi compa Nicomedes,
que por igual es que la ha acogido
y desarrollado su descendiente;
recalcando ambos
que, ¡ojalá!, sea ese un paradigma
o ejemplo para todos los seres humanos
de cualquier origen o jerarquía
social; porque solamente
quienes en el Demonio se inspiran
prescinden de ser individuos resilientes
y de ser ejemplares
para la sociedad global.
Claro, Nicomedes nada que pare
de pecho andar sacando como pavo real
por la encomiable compostura de su retoño;
del que se siente más que orgulloso,
y sobre todo por su cerebro
rememorar que él en su condición de padre
ha pasado también por unos momentos
de no pocas arduas caídas, pero incorporarse
ha sido una obligación inaplazable.
Resumiendo, duda no quepa de que le hace
Nicomedes a su hijo un muy merecido homenaje
a la misma vez que se lo hacen su madre,
y los demás miembros de la parentela;
y amistades suyas que de apreciarlo no dejan.
Nicomedes, ¡caramba!,
es con desbordada emoción
que al mayor de su prole le canta:
“Mijo: ¡Es así, inclaudicable, como te quiero yo!”.
Que no es para menos
siendo aquel poseedor de ingenio
o cacumen, y de nobleza;
pero sin presumir por eso que inmaculado sea,
porque inmaculado nadie
como sí lo es el Mandamás Dios el Incomparable.
“¡Caray!, mi primogénito no se achicopaló ni que pensara
que por lo de la pierna el hilo de la vida se le mochaba;
sino que mi muchacho hoy mejor que ayer
corre y camina, y ahora con más ganas
de seguirse superando. ¡Berraco que mi pelao es!”.
…Palabras que Nicomedes de su boca no saca.
¡Oigan, cómo recuerdo bien estas palabras
de Nicomedes mi compa!:
“La gran pujanza para mijo poder asimilar,
pero que más para superar de manera gloriosa
esa calamidad, me hace percibirlo como a Supermán.
Eso sí, volando por los aires
namás con la misión de superarse
y de a la sociedad haber de colaborarle
en lo que siempre sea indispensable para bien.
No como aquel Supermán que, siendo terrenal él,
se haga la idea de que debe es
por un galardón o laurel cualquiera
abstenerse de caminar pisando la tierra;
y, en cambio, hacerlo como de tal mala manera
que se le salgan –¡el Señor no lo quiera!- los humos
encaramándosele a la cabeza.
Con el alma en el alma es que concluyo:
Nada de que mijo ni por chanza ser
un individuo al que
no le haga compañía la cualidad, o el don,
de la modestia o de la humildad.
Esa humildad que, por supuesto, siempre mejor
que la jactanciosa prepotencia será”.
…Pues mi compae Nicomedes ¡equivocado no está!


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