¡Gracias en el nombre de canes!
En realidad, ¡no tengo sino palabras de inmensa gratitud! por todos los aportes realizados y por aquellos que se sigan haciendo a la muy grata causa de poder brindarles alimento, agua y, cuando las circunstancias lo permiten, atención veterinaria a no pocos perros que deambulan por las calles en condición de víctimas del abandono y la indiferencia de personas con carencia de sensibilidad. Por ellos, por esos nobles e incondicionales animales, soy capaz de dar hasta mi propia vida. ¡Por Dios que sí! Son seres sintientes que, al igual que nosotros, necesitan cuidado, respeto y amparo. ¡Caramba!, me parece una canallada descomunal que haya individuos capaces de abandonarlos a su suerte, arrojarlos a la calle o someterlos a cualquier manera de maltrato, como si fueran simples objetos desechables y no seres vivos que sienten dolor, hambre, miedo y a la par la necesidad de ser receptores de cariño. Quiero dejar algo muy claro: nadie está obligado a adoptar un perro callejero, alimentarlo, br...