Sangrando por mi Chocó que sangra

Violencia en Quibdó, Chocó, Colombia
No me he cortado, ni me han cortado.
No me han abaleado, ni yo mismo me he abaleado…
Pero hoy a chorros mi alma se la pasa sangrando.
Sangra mi alma por saber que anda mi Chocó,
por culpa de chocoanos y no chocoanos,
hundido en el mar de la violencia; que drama peor
por una pobreza que galopando es que marcha.
Tal violencia con olor a barbarie cuando secuestrada
en sus propias ranchas la gente de bien; debiendo, ¡ajá!,
incluso pedirles permiso a los malandros para mear,
cagar, comer y más; como asomarse por rendijas
más para ver caer pichas de agua, o para recibir sol.
Personas mueren por robarlas; porque lo que les pidan,
como vacuna, no pagarlo. Por causas que más son…
Pese a ser peliaguda la cosa, no quiero que mi vida
culmine sin seguirle implorando a Dios
por un Chocó que ojalá no le choque a nadie.
Un Chocó que, manque ten con ten, del obscuro guaico
en procura de prosperidad y PAZ se escape.
¡Porque, con flecha, indio el Chocó no ha matado!


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