Corrupción: cualquier mal proceder

Corrupción
Pueden ser mis palabras consideradas como algo de carácter simbólico, que ser y no ser así: CORRUPCIÓN, proclamo, es cualquier proceder –es decir, no apenas saquear el erario ni más crímenes en lo público y en lo privado- que no resulte ejemplar o pulcro, o no justo. Por ejemplo: odiar, asesinar, intrigas, decir mentiras, egoísmo, insolidaridad, traiciones, envidia, cualquier clase de irresponsabilidad, depredación de la Naturaleza, hipocresía, oprimir o subyugar, reprimir, calumniar, abuso de Poder, sobornar, discriminar, racismo, blanqueo de dinero, usura, soberbia o arrogancia o megalomanía (delirio de grandeza), nepotismo, pederastia.

También es corrupción honrar como a dioses a quienes son, en realidad, unos demonios. Es corrupción no cumplir nuestros deberes con padres, hijos y más miembros de la parentela. Corrupción es no reconocer nuestros errores, ni enmendarlos ni procurar no reincidir en ellos. Corrupción es hacer favores no por generosidad auténtica, sino esperando algo a cambio; o solo por escuchar un "gracias". Como es corrupción no agradecerles a quienes nos prodiguen benevolencia. Corrupción es negar hijos innegables y por lo mismo no responder por ellos. Corrupción es acoso laboral, acoso sexual. Corrupción es arrojar la imparcialidad por la borda cuando haya que evaluar, enjuiciar u opinar. Es corrupción alegrarse de los males ajenos, buscar a Dios únicamente en las horas de desgracias o congojas, predicar creer en Dios pero comulgar con el Diablo.

...No prescindo de pregonar que desde la perspectiva espiritual es corrupción todo aquello que vaya en contravía de la Sagrada Ley de Dios. Todo comportamiento que erosione la armonía que debe reinar en la sociedad. Por supuesto que lo mencionado, como pecado o en sí como crimen en los casos que corresponden, merece ser sancionado de manera rigurosa; por las víctimas, por la Justicia de la Tierra y por el Tribunal del Cielo... Como conclusión de todo lo anterior es necesario que tengamos mucho cuidado cuando hayamos de hablar de corrupción, cuando la reprochemos. Porque, considerando conductas como las arriba señaladas, no resulta nada raro que por causa de incurrir en algunas entonces acabemos –con razón- acusados de ser corruptos.

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